



Para Natalia,
a quien admiro por saber abrirse camino ante la adversidad
y Nicole,
por su amistad y las conversaciones sobre el ghetto nuyorkino y el corillo boricua
La noche de primavera fuimos Nicole, Natalia y yo a caminar por las calles del Centro Histórico, se realizaba una especie de festival turístico-cultural que ya empieza a convertirse en tradición, en esta ocasión se trataba de la 6ta versión. Las calles que se encuentran entre el Zócalo, la Alameda Central, Izazaga y Garibaldi, se convierten en un circuito carnavalesco con múltiples escenarios, complementados por espectáculos callejeros semi-espontáneos.
La ciudad, previo a la llegada de la primavera, se llena de festivales, conciertos y eventos culturales. El cambio de clima, que enverdece y florece notablemente la ciudad, contribuye enormemente a un cambio de actitud en su gente. Toda la literatura, cine y música acerca de la llegada del amor junto con la primavera ve su comprobación material en esta enorme y caótica ciudad. Las parejas besuqueándose y los jugueteos cariñosos invaden todos sus rincones. Sin duda, algo a resaltar, por contraste, con la situación económica y política tan dramática por la que atraviesa el país (el planeta entero), a la cual la ciudad no escapa.
Natalia, una amiga colombiana de Nicole de sus tiempos en New York, se encontraba de visita por estas tierras. Su estancia en el 13 nos instaló en una dinámica turística y de esparcimiento que no pudo darse en mejor momento ni en mejor forma. Nosotros, que de por sí somos risueños, aceptamos y recibimos gustosos el cambio de estación, que se vio coronado por su visita. Nos dedicamos a repartir y recibir, multiplicada, la vibra amorosa y positiva del momento.
La tarde del 21 de marzo, durante la comida, la charla y los rituales fumatorios del depa, ya anunciaba una noche loca y divertida.
Karina, que en esos días participaba en el staff del Festival de Música Experimental y Arte Sonoro Radar, andaba más saltarina y contenta que de costumbre por la emoción que le generaba participar en la organización y realización de lo que viene siendo la confluencia, en el mismo espacio y tiempo, de la vanguardia mundial de los músicos generadores de ruiditos extraños, su mero mole. Y yo, pues me veía enormemente beneficiado de su estado de ánimo y disposición amorosa. La situación era exponencial. Esa noche se presentaba Mike Patton, a quien ella admira, así que no nos pudo acompañar en nuestra aventura callejera. Apenas se anunció la noche nos despedimos, ella a su chamba nosotros a zapatearle rumbo al Zócalo.
La noche no podía ser más agradable, la temperatura adecuada que permite andar en manga corta, si acaso sólo un pequeño suéter previendo que baje unos grados, pasadas unas horas. Un leve viento, aminorando el calor producto del esfuerzo, completaba el cuadro que nos acompañó durante la caminata.
Las calles, cerradas al tránsito de autos, repletas de personas de las más diversas características, instaladas de lleno en una actitud festiva e inquieta, nómada. Recorriendo en familia, pareja, grupos de amigos o en solitario, los distintos escenarios tanto oficiales como improvisados que se dispusieron por todo el cuadro del Centro Histórico para recibir la Noche de Primavera.
Turistas prácticamente de todas partes del mundo, lo mismo ruidosos grupos de jóvenes mochileros aventureros que jubilados del primer mundo estirando su fondo de retiro en estas tierras exóticas y baratas. Parejas jóvenes en su primera o segunda honey moon, armados con los equipos de foto y video más modernos, con los cuales van registrando todo a su alrededor, con una cara sonriente de sorpresa permanente. Sumidos en la contradicción inevitable de querer pasarla bien, lo mejor posible, disfrutar al máximo el espectáculo que ante sus ojos se desarrolla, y estar cuidándose de los peligros inherentes a una ciudad del tercer mundo, en la cual ellos, con sus dentaduras perfectas, sus radiantes ojos y cabellos claros, representan un botín en potencia.
Familias completas, con la abuela incluida, y el montón de niños. Parejas, muchas parejas; jóvenes adolescentes en su primera experiencia amorosa, con una frescura, soltura, ingenuidad y entrega que se antoja vivir (volver a vivir); novios por costumbre o a falta de algo mejor, que se delatan por su caminar con cierta inercia y un halo de hastío, a ellos, difíciles de satisfacer, nada los impresiona; recién casados o por casarse, en un descubrimiento express del otro, aún con la disposición por delante de conciliar sus intereses y voluntades; jóvenes matrimonios con bebes o niños pequeños en brazos y carreolas, que se dan mutuamente de comer en la boca algún antojito que acaban de comprar y acompañan esta acción diciéndose un cariño, que suele ser la forma en se llaman entre sí en diminutivo; matrimonios maduros con hijos adolescentes que los siguen, cautelosamente, a unos metros, metidos en su propia dinámica, intentando ignorar al máximo las indicaciones de sus padres, que siguen empeñados en verlos y tratarlos como niños, que los han traído condicionados a este lugar como parte del requisito de convivencia familiar armoniosa, afortunadamente, en esta ocasión tienen algo interesante que ver y oír.
La banda del barrio en grupo, con sus mejores trapos, que recuerdan los utilizados por los reggaetoneros puertorriqueños: las muchachas, apenas unas adolescentes, desinhibidas, con provocativos escotes y diminutos shorts y faldas, mostrando sus encantos ante la mirada lasciva del público masculino, la reprobación del femenino y el resguardo celoso de sus compas de barriada, con su cabello cortísimo y teñido, sus aretes de brillante, calzando unos tenis nuevos de marca, pantalón azul y una playera blanca austera, que deja ver el fruto de las horas dedicadas al gimnasio, requisito sine qua non de sobrevivencia callejera extrema. Las imágenes de San Juditas y los coloridos collares santeros complementan el atuendo y sirven como protección a ambos.
Hoy son minoría, la invasión turística los desborda. Hoy no están aquí para trabajar, ya lo hicieron toda la semana. Hoy no andan trepados de tres en tres en sus motonetas. Hoy vienen a divertirse en sus calles. A caminar en grupo en disposición altiva, sonrientes y desafiantes, escandalosos. Son de la Morelos, la Guerrero, Buenos Aires, Doctores, Isabela, Bolivar y Tepito, otros de más lejos vienen de la San Felipe, Iztapalapa y Santo Domingo.
Son la banda. Los mismos que vemos en el Rey del Barrio y Los Olvidados. Las calles son suyas, ellos han estado aquí desde siempre, antes que el Slim con sus proyectos de recuperar el centro y que nosotros, queriendo vivir entre la hermosa arquitectura del lugar. Hoy han decidido prestárnoslas, a nosotros los invasores.
Esta noche hay una tregua, no tendremos que pagarles tributo, podemos conservar nuestros celulares, ipods y demás gadgets que nuestra vida de pequebu nos permite y que venimos a presumirles en sus caras, que nos pasan inadvertidas mientras caminamos frente a sus casas, fascinados por lo bonito que está quedando el centro. Es la Noche de Primavera en el centro del DF, una noche loca y divertida en el mar de tragedia y atroz sufrimiento cotidiano.
En el Zócalo, el escenario principal dando una muestra variada de música del mundo y espectáculos visuales y acrobáticos. Música cubana, africana y mexicana en sus expresiones más elaboradas y consolidadas, por lo tanto potables para el público masivo.
En el Centro Cultural España, que se encuentra a reventar, se nos frustra la primer decisión tomada en la noche, ver a las Cumbia Queers en acción, la entrada es imposible.
Por 5 de mayo, en grupos pequeños que ocupan la calle, música andina, china, irlandesa, venezolana, ecuatoriana, africana y batucada brasileña. Casi llegando a Bellas Artes, un templete con un grupo brasileño que toca música pop tipo lambada, la gente bailando.
Junto a la Alameda Central el foro de los rockeros, vestidos de riguroso negro, mostrando su molestia por la cancelación de la participación de la cantante esperada de la noche, Rita Guerrero, tanto con Santa Sabina, que hoy regresaba a los escenarios, como con Ensamble Galileo. Los botes con agua que lanzó la banda al escenario, en reclamo por la informalidad del festival, dañaron una consola.
Madero tomada por las estatuas humanas, que van cambiando de posición conforme suenan las monedas depositadas en un sombrero puesto en el piso frente a ellos. Lo mismo un minero con su pico, que la justicia ciega balanceando unas pesas o la muerte ofreciendo mensajes de ultratumba escritos en pequeños papeles, todos con un muy bien cuidado vestuario y maquillaje.
En Regina, la música para los jóvenes profesionistas clasemedieros del avantgard-fashion-artistoso, con gustos supuestamente más refinados, aunque no siempre coincide lo ideal con lo real. Más bien se respira un ambiente sumamente snob, amenizado por Los Músicos de José, que son excelentes músicos tocando algo que se oye bien a secas, yo lo encuentro algo monótono y predecible, como una versión light de algo muy chingón que se anuncia pero nunca llega, se queda en potencial. Me hace mover pero no me provoca nada más, no me dice nada, no siento que lo que tocan les esté saliendo de la profundidad de su ser, a pesar de la ejecución cuasi-perfecta. Sigo pensando que el arte es lenguaje sensible y no basta maestría técnica, para eso están las máquinas. En contraparte, el corillo se divierte en extremo, se identifica con el grupo y su música, en algunos casos casi al punto del éxtasis. Fluye la hierba, el alcohol y no sé qué más.
Medio me aburro, pero hemos decidido quedarnos un rato a ver el grupo y esperar a Jesús, el español malilla que anda de intercambio escolar y que a veces se nos une en las aventuras de exploración por los barrios bravos del DF.
No puedo evitar pensar en que toda la creatividad, el genio e inquietud artística de esta juventud, que se manifiesta en su estética, actitud y estilo de vida, terminará, casi inevitablemente, al servicio de la publicidad,o en expresiones comerciales banales, truncando los sueños de realización de los ambiciosos proyectos artísticos propios sobre los cuales conversan cotidianamente; que desperdicio, concluyo.
En este lugar resalta, a mi parecer, obvio, la belleza femenina cosmopolita, me dedico un rato a apreciarla y disfrutarla, ya no estoy aburrido.
Nos vamos de regreso a Madero, saludando en el camino a amigos y conocidos que al parecer todos se han dado cita esta noche en el centro.
Un dragón chino, movido ondulatoriamente por unas seis personas ocultas por sus telas, pasa junto a nosotros. La sorpresa y el gusto que nos generó nos llevó a seguirlo unos pasos hasta encontrarnos con un grupo de música africana que invita al público, que se les acerca por decenas haciendo un círculo en torno a ellos, a dejarse atrapar por los rítmicos tambores que lo conectan a uno con los movimientos más instintivos. Músicos y bailarinas en una conexión íntima en la cuál los movimientos de ella le van dando la pauta a las manos de él, y los sonidos que éstas manos provocan le van sugiriendo los quiebres e intenciones a ella al bailar, dando por resultado un ensamble perfecto de música y danza que se retroalimenta con la participación del público que los observa, curiosos y entusiasmados, –parece que se le metió el diablo, le dice una seño a su hija, refiriéndose a una esbelta chica morena que nos deleita con su baile, intenso y salvaje, como es lo africano.
La caminata nos ofrecía sorpresa tras sorpresa, los más variados espectáculos. Además de la música y las estatuas humanas, encontramos saltimbanquis, zancos, clown y malabar. Dos niños, al parecer hermanos, de unos 8 o 9 años, vestidos de Brozo el payaso tenebroso, fotografiados con un sinnúmero de celulares y cámaras, montados en un pequeño cajón iluminado por una lámpara, que sirvió de escenario a una de las estatuas humanas y que ahora se convertía en el escenario de estos payasos precoces que nos mostraban sus cualidades histriónicas ante sus padres radiantes de gusto y un público no menos divertido con sus ocurrencias.
Justo entonces vemos a una niña de unos 9 o 10 años, con un vestido rosa y unas alas moradas de mariposa, mirando atentamente, como hipnotizada, con una cara de gusto y fascinación, a un tipo que le recita en voz baja unos versos. Pasamos lentamente, muy cerca, intentando descifrar lo que le está diciendo pero no lo logramos.
Esta escena se convierte en la que sintetiza la magia de la noche. Esta noche loca y divertida de inicio de primavera.
Se trata de un poeta de cabellera negra y larga, suelta, de botas negras tipo militar de las que usan los darketos, vestido de pantalón negro y camisa blanca de olanes que sobresalen en el pecho y las mangas del saco-abrigo rojo de terciopelo que lo cubre. En su rostro una máscara similar a la del fantasma de la ópera, unos pupilentes verdes con efecto felino le hacían resaltar los ojos.
Seguimos caminando y especulando acerca de que era lo que le decía ese poeta callejero a la niña que la tenía tan entretenida y fascinada. ¿Un famoso poema de amor? ¿Un poema propio? ¿Algo acerca de lo maravilloso de la niñez? ¿O de las mariposas y la primavera? Llegamos a la conclusión de que no lo sabríamos a menos que nos encontráramos nuevamente a la niña, lo cual se veía realmente difícil en ese hormiguero humano.
Nos seguimos en el viaje, ahora pensando en que ésta seria una buena historia para hacer un guión de cine o algo así: una niña que es llevada por sus padres a una tierra mágica, de músicos, equilibristas, malabaristas, cuenta cuentos, estatuas humanas, manipuladores del fuego, poetas y danzantes. En la que la iluminación del lugar, el colorido, movimiento, diversidad y fantasía de los personajes, y la mezcla rítmica e hipnótica de sonidos, entre los que se encuentra la propia risa de la niña, crean una atmósfera de ensoñación.
Nos detuvimos un rato a imaginar el impacto que podría tener en la niña el que un tipo con las características descritas le hable en voz baja y sólo a ella, con sus alas de mariposa, mirándola fijamente a los ojos, diciéndole las más hermosas palabras de amor que podamos imaginar, que su corta experiencia en esta vida magnificarán. La visualizábamos unos 10 o 15 años después, exigente, buscando a quien le dijera unos versos tan o más bellos que los que un poeta de otra época le dijo una noche que recorría las calles del centro con sus padres, rodeados de personas bailando, cantando y riendo.
Entonces nos percatamos, no podemos encontrar a la niña pero sí al poeta, y nos fuimos de regreso a buscarlo. Cuando llegamos le decía a un grupo de tres chicas unos versos mientras éstas le tomaban fotos y posaban junto a él. Lo abordamos y le preguntamos qué le había dicho a la niña que la tenía tan entretenida. Eran unos versos de Baudelaire, los mismos que dice siempre y que nos recitó completos, haciendo énfasis en la parte final, a su parecer, la mejor. Nada particularmente especial, más bien algo denso y oscuro. Empezábamos a resignarnos al hecho de que estábamos queriendo ver algo donde no hay nada cuando nos suelta:
-mientras le decía estos versos a la niña me acordé de cuando era niño y mi mama me llevó al teatro a ver El sueño de una noche de verano de Shakespeare, todo estaba muy oscuro y yo caminé hacia el frente, donde se veía la única fuente de luz, me paré frente al escenario y vi a una mujer vestida con unas telas blancas y colores claros, bailando, parecía un ángel, a mi me parecía una escena muy bonita, estaba muy contento, entonces ella voltea a verme y me regala una enorme sonrisa, yo le respondo con otra igual, en eso llega mi mamá y me lleva a la fuerza, cargando, yo me pongo a llorar porque me quiero quedar ahí pero es inútil. Soñé eso como cuatro años. Hoy mientras veía a esa niña sonriente con sus alas de mariposa me imaginé que era esa mujer que jamás volví a ver y que me hizo sentir tan bien cuando era niño, en cierta manera esa búsqueda es la que lo tiene a uno es esto, remata, señalándose a sí mismo con ambas manos.
A nosotros nos conmueve y sorprende su historia, platicamos un poco más con él, nos tomamos unas fotos y nos retiramos para continuar con nuestra travesía. Yo me quedo dándole vueltas a la historia, viendo su seductora forma cíclica. ¿En quién encontrará esa niña al poeta que le dijo unos hermosos versos de Baudelaire durante su infancia? Reconstruyo mentalmente la escena:
Una niña de vestido rosa y alas moradas de mariposa parada frente a un poeta callejero, en medio de un montón de gente que baila y canta, de estatuas humanas y malabaristas, escuchando atentamente las seductoras palabras que ese hombre de ojos claros y felinos le dice mientras la mira fijamente, el tiempo se ha detenido para ellos dos que se encuentran en un ritual íntimo de sensibilidad, no existe nada más alrededor, no hay antes y después, sólo ese momento breve de conexión humana. Él termina su poema, se inclina hacia ella y le toma delicadamente la mano mientras desliza un pie al frente y se guarda un brazo detrás, le da un beso suave, sin dejar de mirarla a los ojos, como un caballero que ha viajado en el tiempo sólo para traerle a ella este mensaje. Ella, conmovida le dice: -nunca nadie me había dicho algo tan bonito!, una enorme sonrisa le llena el rostro. Da media vuelta y se retira brincando, gustosa, sus alitas de mariposa ondulan rítmicamente. El poeta la ve alejarse e incorporarse con sus padres, que la han estado esperando a unos metros, pacientes, medio observando distraídamente toda la escena mientras voltean a ver a la gente que pasa y se ponen de acuerdo en qué dirección tomar.
Guarda en el bolsillo de su saco rojo gastadón la moneda de 5 pesos que la niña le entregó y reinicia nuevamente su recital rutinario, con la misma entrega que antes, esperando volver a encontrarse con el ángel que durante su infancia le abrió la percepción a lo bello...en este mundo tan feo.
Entre el IMSS, los socios de la guardería, la persona que rentaba la bodega a Hacienda, ninguno ha aceptado su parte de culpa, pero hay un responsable que sí está aceptando la culpa, y la lleva en las espaldas, ése soy yo.
Yo soy el principal responsable por ser una persona honrada que tiene un empleo, como todos los que estamos aquí, por tener que cumplir con un horario de trabajo, por tener la Seguridad Social que me dio la oportunidad y me dio la elección de que entrara mi hijo a esa guardería donde me dijeron que contaban con todas las medidas de seguridad.
Yo tengo la culpa por confiar, yo tengo la culpa por pagar mis impuestos, yo tengo la culpa por ir a votar, yo soy el responsable de la muerte de mi hijo.
Señor Gobernador, ¡Aquí está uno de los responsables que está buscando! ¡Venga por mí! ¡Aquí lo estoy esperando! ¡Venga por mí! ¡Estoy harto! ¡Es demasiado que se estén burlando de todos nosotros!, ¡Que nos digan que todo está bien, cuando sabemos que México es una basura, todo en las noticias, corrupción, narcotráfico! ¡Ellos se burlan de nosotros!, ¡Yo soy culpable por dejarlos!
¡Yo buscaré al responsable de esto, a todos los culpables, si no hay justicia por parte de las autoridades, habrá venganza por parte del pueblo!
Palabras de Roberto Zavala, padre de Santiago de Jesús Zavala Lemas, uno de los 45 niños que murieron en la Guardería ABC de Hermosillo, durante la marcha del 13 de junio.
Mientras Karina estaba siendo peinada por su hermana Diana y yo me entretenía tecleando, así nos llegó la noche este sábado.
Ayer fuimos a visitar al Betokez en Isabel la Católica y callejón San Jerónimo, su departamento es (también) el número 13 y se encuentra en el 5to piso. La pérdida del aliento durante la subida de las escaleras es en parte soportada por la idea de que al llegar arriba se podrá obtener en recompensa, además de la hospitalidad que acostumbra su morador, una hermosa vista urbana que por las tarde-noches llega a alcanzar momentos mágicos. Anoche la luna estaba casi llena y su luz sobre los edificios semi-iluminados del centro histórico le daba un toque más amable al conglomerado de concreto que encuentra la vista al dirigirse hacia cualquier dirección. La novedad fue la Torre Latino con un juego de luces que le van cambiando periódicamente el color, ese tipo de efectos visuales que en sí no sirven para nada pero impresionan a todo mundo. A mi me gustó cómo se ve azul con morado.




En esos momentos sonaba ya una canción que hablaba acerca de Monterrey. Ante los comentarios que hicimos sobre la música, el chofer había aumentado el volumen. El vocho cruzaba a toda prisa por Reforma y se enfilaba, derechito, al Monumento a la Revolución.
Gracias a Nicole di con este hermoso poema sonoro de Blaise Cendrars del cual les comparto un fragmento en inglés ya que no he dado con una traducción cibernética al castellano.
Moscow
Esta tarde 29 de mayo de 2009 asesinaron al catedrático de la UACJ (UNIVERSIDAD AUTONOMA DE CIUDAD JUAREZ), Manuel Arroyo Galván del Programa de Sociología y Educación. Anteriormente, el profesor Gerardo González Guerrero del programa de Psicología fue asesinado (4 de diciembre de 2008), el compañero del Instituto de Ingeniería y Tecnología Daniel Alejandro Hernández Loya fue ejecutado en un car wash (16 de diciembre de 2008), el compañero de derecho en ICSA Jaime Alejandro Irigoyen Flores fue acribillado luego de ser secuestrado (14 de enero de 2009), la compañera Lidia Ramos Mancha del Instituto de Ciencias Biomédicas desapareció el 1 de diciembre de 2008 luego de recoger sus calificaciones, el 26 de marzo de 2009 Mónica Janeth Alanís Esparza estudiante de administración en ICSA desapareció.
Hoy, después de recibir la lamentable noticia del asesinato del profesor investigador, docente de la UACJ, Manuel Arroyo Galván, a partir de una convocatoria espontanea, decidimos congregarnos en la mega bandera, junto al ICSA a las 19:30 horas, para recordar a Manuel, quien además de ser catedrático de la universidad era un luchador social involucrado desde muy joven en las luchas populares y de trabajadores.
Después de permanecer, media hora en la mega bandera, más de un centenar de universitarios y personas de las organizaciones sociales, decidimos trasladarnos en marcha silenciosa a las instalaciones de la PGR. Ahí las autoridades, simplemente nos ignoraron y ante las burlas de los guardias que resguardan las instalaciones amuralladas, creció la indignación y decidimos entrar. En tropel abrimos la reja y llegamos hasta la puerta principal del edificio, donde exigimos hablar con el subdelegado, el cual en todo momento se nos negó. Aproximadamente durante una hora estuvimos protestando y exigiendo justicia. ¡Autoridades, cómplices, incompetentes, fracasadas! ¡Que renuncien!
Ahí mismo se hicieron declaraciones a los medios, convocando a toda la comunidad juarense agraviada por la violencia, a participar en la Marcha contra la impunidad, el próximo miércoles a las 18:00 horas, partiendo de la mega bandera.
tomado de:
Ayer estaba sentado en la mesa redonda del comedor, trabajando en la compu como acostumbro, me acompañaban (o las acompañaba yo a ellas) Ximena y Nicole, de pronto siento que la mesa se mueve raro, como con brincos estilo sesión espiritista (obviamente como las presentan en las movies, ya que nunca he estado en una), volteo a ver a Nicole que está contando acerca de la excursión mañanera que hicieron las dos por el centro histórico y en la cual realizaron un sueño común: bolearse los zapatos frente a frente en uno (dos) de esos puestos que abundan por la zona, Ximena que trae los ojos rojísimos por no dormir durante 38 horas está concentrada en la compu subiendo al Facebook las fotos de la aventura, me doy cuenta entonces que ninguna de ellas está moviendo la mesa. Ellas me voltean a ver a mi tratando también de averiguar si soy yo el que la mueve, nos miramos a los ojos tipo duelo del old west y en una fracción de segundo nuestros rostros se modifican, ya no son los rostros despreocupados de quien busca descubrir quién anda de travieso un jueves por la tarde como a eso de las 2. Son los rostros de quien de pronto descubre que es posible que esté pasando lo que sabe que puede ocurrir en cualquier momento en esta ciudad, pero que para nada lo desea. Está temblando? decimos los tres en una especie de expresión ambigua de pregunta-afirmación, volteamos a ver la lámpara china de papel que cuelga
Hace unas 3 semanas (27 de abril) sentado en el mismo lugar casi a la misma hora de ayer, en esa ocasión con Nicole, Karina y Carlos, sentimos también un sismo, 5,7 grados en la escala Richter con epicentro en las costas de Guerrero, según los noticieros, en esa ocasión fue también la lámpara de papel la que nos ayudo a descubrir que la tierra se estaba moviendo bruscamente y no sólo girando sobre su eje y viajando alrededor del sol. Yo calculo que el movimiento duró unos 10 segundos, parecido a lo que se siente al subir a una embarcación pequeña que es golpeada por un oleaje leve. Yo fui por mis tenis, el teléfono y un suéter y me dispuse a salir del edificio, después de unos minutos, y de ver que no ocurría nada, decidimos no bajar y volver a lo que estábamos.
Eran los tiempos en que iniciaba la crisis sanitaria provocada por la influenza, que en esos momentos se apellidaba porcina. El cierre de restaurantes, negocios y puestos estaba en su esplendor, los bozales comenzaban a ser artículo básico en la vestimenta, las clases en todos los niveles educativos habían sido suspendidas en la zona metropolitana. La confusión e incertidumbre que reinaban (estado que compartía el conjunto de la población, junto a la psicosis que generaba el temor al contagio) motivaban un sin número de especulaciones que se retroalimentaban con las más inverosímiles teorías conspiratorias sobre lo que sucedía, así que un sismo no fue suficiente “acción” para distraernos.
Pero ayer las cosas fueron algo distintas, empezando por que el temblor se sintió más fuerte, no fue el “paseito mareador” que suele sentirse cuando ocurre un movimiento oscilatorio (como el de hace unas semanas) en esta ocasión las cosas brincaban, empezando por la mesa. Según dicen los expertos se trató de un sismo del tipo trepidatorio, además la duración fue mayor, yo le calculo unos 20 segundos. Y sí, se sintió también lo de estar arriba de una pequeña lancha pero ahora combinado con la embestida de pequeños animales marinos que provocaban brinquitos.
Además, ya no estamos en contingencia sanitaria (a pesar de que el Calderón no ha sacado el decreto que oficialmente anuncia que la amenaza ha terminado y la vida vuelve a la “normalidad”, pero más importante, que de por terminadas las facultades temporales que a las autoridades sanitarias y al ejercito se le confirieron para allanar domicilios en caso "de ser necesario"), así que nuestra mente no se encontraba ocupada tratando de desentrañar que “intereses oscuros” se ocultaban detrás de esa alarma general, pero por encima de esto, muchas cosas no son lo mismo en el sentir general de la población, se habla incluso de un “antes” y “después” de la influenza para referirse a un acontecimiento.
Después del miedo generalizado que infundió el manejo oficial de la amenaza de la influenza, que permitió que millones de personas se encerraran “voluntariamente” en sus domicilios para resguardarse del "peligro", lo que queda es el sentimiento de haber asistido a una gran puesta en escena en la cual la población jugó un papel estelar, logrando una excelente actuación, pero llevada al show con engaños, manipulada. El descubrimiento de haber representando el papel del tonto en una burda farsa (muy macabra, además), se ha traducido en malestar en amplios sectores de la población, en desconfianza hacia las autoridades, en enojo.
Así que volver a sentir miedo, aún y que sea ante la incertidumbre que genera un “fenómeno natural”, el no saber qué tipo de sismo se está presenciando, no es algo que se desee o ande buscando.
En esta ocasión, ante la fuerza evidente del movimiento telúrico (que luego supimos fue de 5,7 grados con epicentro en Puebla), decidimos salir del edificio. Son momentos en los cuales uno quiere que todo “siga normal”, quiere creer que nada va pasar, conservar la calma, “hacer lo correcto”, va uno caminando calladamente entre miradas cómplices de un posible peligro que puede llegar a ser mortal. Repasando en flashazos mentales la enorme cantidad de posibilidades de escenarios en el dado caso de que ese movimiento mareador, aparentemente inofensivo, muestre su potencial capacidad destructiva.
Siempre que hay sismos o que pienso en ellos, me acuerdo del Rockdrigo, el “Poeta del Nopal”, me acuerdo de él porque me gustan sus canciones y porque lo ubico como camarada. Nunca he sabido que nivel de participación y compromiso político tuvo pero recuerdo pláticas en las que se hace referencia a su simpatía por el PRT, el partido trotsko que agrupó a un buen número de socialistas por aquellos años ochenta. Pienso en sus canciones, que hablan de la cotidianidad defeña y sus contradicciones y de los sueños y anhelos de una generación, me acuerdo de la placa que en su honor se puso en un lugar de la estación del metro Balderas (y que veo seguido) e intento imaginarme su vida, qué le gustaba hacer, con quién se juntaba, cuáles eran sus mas íntimas preocupaciones y reflexiones, sus planes y proyectos tanto artísticos como políticos, cómo se veía a sí mismo creciendo...y envejeciendo.
Sólo hay algo que compite con esta idea recurrente del Rockdrigo cuando pienso en sismos, es el recuerdo de la evacuación del edificio de departamentos en el que vivía con Aurora en la calle de Isabel la Caótica. Hace unos 2 años ocurrió un sismo mientras nos encontrábamos desnudos en nuestra habitación viendo unas películas del Polanski cerca de la media noche, en aquella ocasión también ella pensó que yo andaba de travieso moviéndole la cama, yo, que me levanté a cambiar de película, pensé que el mareo que sentía lo ocasionaban los cafés cargados (cargadísimos) que los días de maratón de cine, que eran frecuentes, solíamos prepararnos para aguantar despiertos. También tuvimos esas miradas de complicidad que lo comunican a uno a una velocidad impresionante y que transmiten mutuamente la alerta de peligro y ayudan a dar los primeros pasos para intentar salir juntos de la amenaza, todo sin hablar, las palabras son lentas en estos casos.
Después de medio vestirnos salimos apresurados del departamento y al ir bajando las escaleras (3 pisos), junto a los demás vecinos que también hacían la evacuación, escuché una de las cosas que más me han impactado. Una señora diciéndole a unos niños de entre 4 y 6 años que bajaban llorando por haber sido despertados abruptamente y obligados a salir de casa sin saber la razón: “ya ven por qué les digo que no se quiten los zapatos para dormir”.
La mañana siguiente supimos por boca de las niñas que solían visitar a Aurora para platicar (Aurora siempre despierta una especie de fascinación tanto en las niñas como en las adolescentes, una curiosidad por conocerla que provoca su acercamiento, yo se lo adjudico a su belleza, su manera original y juguetona de vestir y al porte de autosuficiencia, ensimismamiento y autonomía moral que transmite), que muchas de las familias que habitan esa unidad son sobrevivientes “reubicados” del sismo del 85, lo cual explica su peculiar sensibilidad y hábil desalojo.
Aurora y yo, que tuvimos nuestra primera experiencia sísmica en esa ocasión, no pudimos regresar al departamento hasta unas 2 horas después, durante las cuales recorrimos varias calles del centro, ante el sonido de las alarmas encendidas de autos y negocios y las sirenas de ambulancias, bomberos y patrullas que en un buen rato no dejaron de circular, atendiendo, en la mayoría de los casos, a personas con crisis nerviosas.
Bueno, ayer no fue la excepción y mientras bajaba las escaleras del edificio junto a Nicole y Ximena iba dándole vueltas en mi cabeza a todo esto e imaginando escenas sobre el fin del Rockdrigo la mañana del 19 de septiembre del 85, acostado en su cama, durmiendo. Pensando en que una hija de él que se hace llamar Amanditita es cantante y que nunca he escuchado sus canciones, puse un post it en mi cerebro, “busca el disco de esta morrita de look adolescente desmadrozon pa’ ver que dice”, alternando esto con los recuerdos de la seño de Isabel la Caótica regañando a sus hijos o nietos por quitarse los zapatos para dormir, recordando a la Aurora (bueno siempre me acuerdo de ella), pero al mismo tiempo viendo con sorpresa que nadie desalojaba el edificio, la única persona que vimos en todo el trayecto de 4 pisos hasta la calle fue una señora que no bajaba, subía!
Al salir del edificio nada era distinto a otros días, empezando por el deslumbrón que siempre da al salir de este edificio durante el día, debido al contraste entre el pasillo mal iluminado (realmente oscuro) y la potencia de los rayos del sol que dan de frente, directamente a los ojos, los ruidosos camiones que hacen terminal en la esquina y que llegan en fila hasta la entrada del edificio, los puestos de carnitas y demás garnachas, la seño de la tortillería muy sonriente, enfrente los de siempre cortando alfombras.
Nadie hizo nada de lo que se hace en los simulacros de sismo y que a uno le dicen en la escuela que debe hacer y lo ve en los carteles ilustrados con monitos que suelen estar en las oficinas gubernamentales. Sólo nosotros, 3 loquitos que bajaron lo mas rápido que pudieron (tomando en cuenta que nos encontrábamos en el estado Lentton John, que luego explicaré) mirando a todos lados. Se escuchaban comentarios aquí y allá sobre la sacudida y algunas radios sintonizaban mensajes sobre la magnitud, duración, daños y demás información que se da en estos casos. Fuera de eso, la Tabacalera en su más pura “normalidad”.
Acompañamos a Ximena al metro no sin antes dirimir entre nosotros si ese es o no un lugar seguro durante un sismo, a lo que concluimos que si. Nicole y yo nos regresamos al depa por la compu y nos fuimos a trabajar al CICAM en la encuadernación de uno de sus poemarios. Durante esos momentos de regreso al departamento una sensación de movimiento me acompaño todo el tiempo, las patitas me temblaban un poquito, como expectantes y al mismo tiempo “recordando” la sensación del sismo. Una combinación de sensaciones entre que no se ha ido y que en cualquier momento puede regresar la sacudida.
El resto del día el sismo fue tema de conversación, con Nicole durante el trayecto, con Miriam y Eugenia en el CICAM, por la tarde-noche en casa de Diego durante el festejo de cumpleaños de Isabel. Ahí si que como cantaba el Chico Che: “donde te agarró el temblor?”, fue la pregunta de rigor, las preocupaciones, temores, dudas y anécdotas el agregado.
Karina nos platicó que fue mientras salía del Claustro de Sor Juana en el centro, curiosamente a una cuadra de donde tuve mi primera experiencia sísmica hace 2 años, estaba comprando un vaso de frutas cuando empezó a ver que los autos que circulaban por Izazaga “brincaban” como si fueran de juguete.
Isabel nos habló sobre las trabes y el poder que tienen para evitar sufrir daños durante un terremoto si nos ponemos debajo de ellas, debido a que éstas constituyen el esqueleto de una construcción, por lo tanto la parte más sólida. No faltaron las típicas teorías que cuestionan estas aseveraciones y un sin número de consejos sobre qué es lo más recomendable hacer en estos casos, consejos que a veces no sólo son muy distintos sino también contradictorios y se anulan entre sí.
Luego el sismo se nos olvido y dedicamos nuestro tiempo a reírnos un rato con las imágenes deformadas que un software crea a partir de una foto que toma al ponerte frente al monitor de la computadora, la verdad que está divertido jugar un rato con la imagen distorsionada de tu rostro y cuerpo y más cuando son fotos colectivas.
Pasada la media noche Alexei y Miriam nos llevaron a Karina y a mí a Insurgentes para que tomáramos el Metrobus nocturno. Así nos llegó la hora de dormir el día que tembló por enésima vez en la ciudad de México.
Hoy platique por el messenger con Diana Itzel, una amiga de Ciudad Juárez, al preguntarme sobre el sismo y contarle a grosso modo que se sintió cabrón pero que todo sigue como si nada (excepto por los 3 loquitos de Ezequiel Montes que muy puestos y en alerta evacuaron su edificio), a pesar de que hace unas semanas tembló y que eso no es muy “normal” que digamos, lo cuál nos debería tener más alertas. Ella me dijo que es como en Juárez, que la gente se acostumbra a las ejecuciones y a los abusos tanto de los narcos como de ejército federal, tiene que seguir su vida a pesar de lo atroz y numerosas que éstas son, “sólo la gente de fuera tiene cierto temor y cuidado al andar por la ciudad” me dijo.
Así en el DF, hay esa sensación de acostumbrarse a todo, a los sismos, a la influenza, a la crisis, a la violencia, pero por encima de todo, acostumbrarse a vivir con miedo....
Será que no se puede modificar esto?
Seremos capaces de convertir ese miedo, el enojo por el engaño, la desesperación e impotencia y la ira acumulada en una fuerza capaz de subvertir esta situación?
O nos encerraremos en casa pidiéndole a “alguien” lo que cantaban los de Soda Stereo: “despiértame, cuando pase el temblor...y la influenza...y la crisis...y las ejecuciones del narco y su guerra...y...”?
...y si ya no despertamos como el Rockdrigo?
Y ahora me voy, disculpen los errores ortográficos que ocasionó escribir esto como dice Nicole, al garete, como lo voy pensando, agravado por el hecho de que en esta compu además de tener teclado gringo tiene unas teclas descompuestas, entre ellas el ALT, que me dificultan poner la ñ, el punto y acentos, sé que no es justificación al rato lo corrijo, ahora vamos de salida a casa del Betokez a un ensayo con Ximena, Nicole y Karina. Besos a tod@s.
atencolibertadyjusticia.com